sábado, 28 de mayo de 2011

La sombra es escondite de miedos y de un conteo sin fin. Está sujeto a la fiebre de su soledad, hacia atrás no hay tiempo sólo hojas que caen. Él abre la boca como un pez en busca de comida mientras los sueños lo enredan hasta cubrirlo, dejándolo más allá sin poder amar. Sus ojos pierden intensidad, las lágrimas se asustan de la vida que no voló. Se hace un vacio y se desangra. El ingreso de una voz es señal de otro plano.

Un dictamen del corazón (quizás) suena determinante. ¿El sonido lo hace determinante? ¿O es el impulso, la pulsión, el deseo que recorre el cuerpo para cumplirlo?

jueves, 26 de mayo de 2011

-¿Te gusta la soledad? -Apoyó la mejilla sobre la palma de su mano-. ¿Te gusta viajar solo, comer solo, sentarse en las clases solo, apartado de la gente?
-A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto desilusionarme -aclaré.
Con una patilla de las gafas metida en la boca, la chica murmuró:
-A nadie le gusta la soledad. Pero destesto que me decepcionen. Si te decides a escribir tu autobiografía, puedes incluir estás líneas.
-Gracias.
Aquella noche me acosté con Naoko. No sé si fue lo correcto. Ni siquiera hoy, veinte años después, podría decirlo. Tal vez jamás lo sepa. Pero entonces era lo único que podía hacer. Ella estaba en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaba que yo la tranqulizase. Apagué la luz de la habitación, la desnudé despacio, con ternura; luego me quité la ropa. La abracé. Aquella noche de lluvia tibia no sentimos el frío. En la oscuridad exploramos nuestros cuerpos sin palabras. La besé, envolví con suavidad sus senos con mis manos. Naoko asió mi pene erecto. Su vagina, húmeda y cálida, me esperaba. Sin embargo, cuando la penetré sintió mucho dolor. Le pregunté si era la primera vez y ella asintió. Me quedé desconcertado. Creía que ella y Kizuki se acostaban. Introduje el pene hasta lo más hondo, lo dejé inmóvil y la abracé durante mucho tiempo. Cuando vi que se tranquilizaba, empecé a moverlo despacio y, mucho después, eyaculé. Al rato, Naoko me abrazó muy fuerte y gritó. Era el orgasmo más triste que había oído nunca.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El sexo le habla, lo toca.

Sus manos húmedas abrazan su estómago.

Por compasión dice Él en voz alta,

y duerme hasta sentir el amor.

La lente de la cámara devora sus ojos y con ellos dibuja la distancia que lleva al suspiro. El corazón se hace nómada mientras su cuerpo aún fragmentado despeja toda realidad. Las palabras se transforman en silencio y se unen en la abertura de la existencia, anónima como su nombre.