-¿Te gusta la soledad? -Apoyó la mejilla sobre la palma de su mano-. ¿Te gusta viajar solo, comer solo, sentarse en las clases solo, apartado de la gente?
-A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto desilusionarme -aclaré.
Con una patilla de las gafas metida en la boca, la chica murmuró:
-A nadie le gusta la soledad. Pero destesto que me decepcionen. Si te decides a escribir tu autobiografía, puedes incluir estás líneas.
-Gracias.
Mostrando entradas con la etiqueta Tokio Blues (Norwegian Wood). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tokio Blues (Norwegian Wood). Mostrar todas las entradas
jueves, 26 de mayo de 2011
Aquella noche me acosté con Naoko. No sé si fue lo correcto. Ni siquiera hoy, veinte años después, podría decirlo. Tal vez jamás lo sepa. Pero entonces era lo único que podía hacer. Ella estaba en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaba que yo la tranqulizase. Apagué la luz de la habitación, la desnudé despacio, con ternura; luego me quité la ropa. La abracé. Aquella noche de lluvia tibia no sentimos el frío. En la oscuridad exploramos nuestros cuerpos sin palabras. La besé, envolví con suavidad sus senos con mis manos. Naoko asió mi pene erecto. Su vagina, húmeda y cálida, me esperaba. Sin embargo, cuando la penetré sintió mucho dolor. Le pregunté si era la primera vez y ella asintió. Me quedé desconcertado. Creía que ella y Kizuki se acostaban. Introduje el pene hasta lo más hondo, lo dejé inmóvil y la abracé durante mucho tiempo. Cuando vi que se tranquilizaba, empecé a moverlo despacio y, mucho después, eyaculé. Al rato, Naoko me abrazó muy fuerte y gritó. Era el orgasmo más triste que había oído nunca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)