Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando. Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar. Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca. Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
lunes, 29 de agosto de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
sábado, 28 de mayo de 2011
La sombra es escondite de miedos y de un conteo sin fin. Está sujeto a la fiebre de su soledad, hacia atrás no hay tiempo sólo hojas que caen. Él abre la boca como un pez en busca de comida mientras los sueños lo enredan hasta cubrirlo, dejándolo más allá sin poder amar. Sus ojos pierden intensidad, las lágrimas se asustan de la vida que no voló. Se hace un vacio y se desangra. El ingreso de una voz es señal de otro plano.
jueves, 26 de mayo de 2011
-¿Te gusta la soledad? -Apoyó la mejilla sobre la palma de su mano-. ¿Te gusta viajar solo, comer solo, sentarse en las clases solo, apartado de la gente?
-A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto desilusionarme -aclaré.
Con una patilla de las gafas metida en la boca, la chica murmuró:
-A nadie le gusta la soledad. Pero destesto que me decepcionen. Si te decides a escribir tu autobiografía, puedes incluir estás líneas.
-Gracias.
-A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto desilusionarme -aclaré.
Con una patilla de las gafas metida en la boca, la chica murmuró:
-A nadie le gusta la soledad. Pero destesto que me decepcionen. Si te decides a escribir tu autobiografía, puedes incluir estás líneas.
-Gracias.
Aquella noche me acosté con Naoko. No sé si fue lo correcto. Ni siquiera hoy, veinte años después, podría decirlo. Tal vez jamás lo sepa. Pero entonces era lo único que podía hacer. Ella estaba en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaba que yo la tranqulizase. Apagué la luz de la habitación, la desnudé despacio, con ternura; luego me quité la ropa. La abracé. Aquella noche de lluvia tibia no sentimos el frío. En la oscuridad exploramos nuestros cuerpos sin palabras. La besé, envolví con suavidad sus senos con mis manos. Naoko asió mi pene erecto. Su vagina, húmeda y cálida, me esperaba. Sin embargo, cuando la penetré sintió mucho dolor. Le pregunté si era la primera vez y ella asintió. Me quedé desconcertado. Creía que ella y Kizuki se acostaban. Introduje el pene hasta lo más hondo, lo dejé inmóvil y la abracé durante mucho tiempo. Cuando vi que se tranquilizaba, empecé a moverlo despacio y, mucho después, eyaculé. Al rato, Naoko me abrazó muy fuerte y gritó. Era el orgasmo más triste que había oído nunca.
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